JIMI HENDRIX: LA MODA ES ÉL

JIMI HENDRIX: LA MODA ES ÉL

Todo lo que rodea a Hedi Slimane y todo lo que toca esta mente maravillosa está cargado con la electricidad de la música. Su mirada, sus fotografías, sus poses, los personajes que retrata y, por supuesto, la ropa que diseña. Antes en Dior Homme, ahora en Saint Laurent. Tiene el don de convertir en estrella de rock a todo el que retrata. También tiene el don de diseñar la ropa que las estrellas de rock quieren llevar. Y, a la vez, tiene el don de crear prendas que convierten al que las lleva en una estrella de rock. Con él ha llegado un cambio en la aristocracia de quien se sienta en la primera fila de un desfile de moda. A él no le importa esa élite femenina que camina por las alfombras rojas de los eventos que se celebran desde finales de enero hasta que culminan con los Oscar a finales de febrero. Él prefiere que en su front row estén Courtney Love, Sky Ferreira, Alison Mosshart, Alex Turner, Miles Kane. Es más: él prefiere llenarlo de rostros anónimos pero que representen el epítome del ‘cool rock’ que él hilvana en cada colección.

jimi

 

Documentar cada uno de sus desfiles es como ir dando forma a una historia de música moderna. En cada uno de ellos sobrevuela la presencia de una leyenda y en el que acaba de presentar en la Semana de la Moda de Hombre de París ha sido Jimi Hendrix. ¡Ah, el estilo de Jimi Hendrix! Quizá el más cool de toda la época y quizá el más difícil de definir y acotar. Básicamente, porque tiene ese ‘je ne sais quoi’ de todo lo inalcanzable; ese ‘effortless chic’ tan inspirador y aspiracional pero que rara vez se puede siquiera rozar con la punta de los dedos.

 

Pero intentémoslo, vayamos a los pilares de su estilo: la camisa de algodón -a veces, de seda- con estampados lisérgicos y psicodélicos, de cuello enorme y manga larga, con los botones abrochados pulcramente, sin soltar ni uno, solo los dos primeros. Los pantalones de campana que dibujan una silueta tan delgada, magra, elástica y definida ante cuya visión solo se puede suspirar. La bragueta de esos pantalones, sobre la que frotaba una y otra vez su guitarra, su objeto más amado y preciado, una prolongación de su alma. La bandana, el cinturón de piel y de hebilla enorme, las sandalias, los sneakers azules… y el kimono.

 

¿Puede haber algo más cool y menos pretencioso (en el caso de Jimi Hendrix, claro) que salir a tocar con unos jeans y un kimono de seda? Sí, todas sus camisas flower power, sus chalecos brocados cortados por la cintura, sus chaquetas de inspiración militar y los pantalones de terciopelo granate, de todos los collares sobre su pecho desnudo. Y esos sombreros, dios mío, qué sombreros, jalonados de plumas y abalorios, de detalles que atesoran historias que solo él podía conocer. Pero, sobre todo, la actitud. Y el alma. «Discúlpenme mientras beso el cielo», que diría él en una de las frases más bellas de la historia de la música.

slimane

Inténtese hacer el experimento de vestir solo un par de estos elementos y el resultado tiene un índice altísimo de ser un desastre total. En cambio, él caminaba con la seguridad y el aplomo que caracteriza a quien es él mismo, a quien encarna con su estética una personalidad arrolladora y abrumadora. Como la suya. Él entraba en trance tocando la guitarra, su bien más preciado. «Cuando rompí mi guitarra fue como un sacrificio, porque uno sacrifica lo que más ama», dijo en una ocasión.

 

 

Y es fácil imaginar a Hedi Slimane -el ‘couturier’ del rock- quedarse prendado ante las imágenes de Jimi prendiendo fuego su guitarra al final de su concierto en el festival de Monterey (1967) y practicando alrededor de ella una especie de ritual, lanzando el conjuro de un hechizo. E intentando apresar parte de su espíritu con esos atrapa-sueños que son sus prendas. Y sabiendo que es casi imposible porque un alma como la de él es de una pureza irrepetible.

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