UNA CENA INTERESANTE

UNA CENA INTERESANTE

che y castro

Es Ibiza, es verano, es de noche y hace calor, en el restaurante de la famosa discoteca Pacha, Lulú, cuerpo escultural, tacones rojos, pantalón negro ceñido, pelo largo y negro, perfil de ojos oscuros, mira su reloj por enésima vez, su cita llega tarde. A Lulú  no le gusta esperar. Si tarda más de diez minutos, comenzará su velada sola.

Aburrida, ojea el teléfono. Nada. Al rato un hombre fornido y apuesto entra en el local acompañado, casi colgando de su brazo, de un señor elegante. Tiene un aspecto juvenil aunque se adivina el paso del tiempo en su mirada. Se acercan a la mesa donde ella, sentada con las piernas cruzadas, fuma un cigarrillo mirándoles fijamente.

-Señorita Lulú? -pregunta el más joven. Lulú asiente con la cabeza, molesta por la demora. Le presento al señor Ernest, disculpe el retraso, el señor Ernest…

-Al señor Ernest se le ha comido la lengua el gato?, interrumpe con cierta impertinencia.

 

El señor Ernest hace un disimulado ademán y  el joven asiente y se aleja unos pasos a montar guardia. Esa mujer no le gusta.

 

-Sentimos la demora -se disculpa el señor Ernest con acento argentino a la vez que besa su fina mano. Puedo sentarme?

-Naturalmente. Lulú se levanta y educadamente le prepara el asiento para que se acomode.

 

El señor Ernest no sabe si sentirse ofendido. Esta muchacha lo tiene muy intrigado. Se sienta, sin embargo, expectante.

 

La velada se abre sin más tropiezos, ordenan comida, vino, una luz tenue que varía de color proyectando cientos de cerezas por todo el local les rodea. La extraña pareja comienza a conversar, tranquilamente, como si se conocieran de toda la vida. Ernest, en un momento dado, decide tomar la iniciativa.

 

-Señorita, ¿cómo consiguió usted mi número de teléfono?

Lulú levanta la mirada, se apoya en el respaldo de la silla, aparta el plato y prende un cigarrillo. Un hilo de humo huye de sus labios.

-Mi tía Agnès murió hace unas semanas, era una mujer fantástica, murió en casa, rodeada de los suyos, yo era lo mas parecido para ella a tener una hija. Antes de morir me dio una caja llena de fotos y un número de teléfono. Me dijo que a través de él accedería a una gran historia.

 

Ernest se queda mudo. Lulú nota tristeza en sus ojos.

 

-Siento haber sido tan brusca señor. Le he traído unas fotos. Abre el bolso y saca un sobre marrón.

-En algunas sale usted muy guapo, afirma con complicidad.

 

Ernest toma las fotos con dos manos, emocionado. En ellas aparece de joven con una hermosa chica rubia con unas gafas que hoy no se pondría nadie, Ernest sonríe:  Agnès -dejó salir de entré sus labios, como si fuese un suspiro. Las pasa una a una, una y otra vez. En todas ellas aparecen los mismos protagonistas, unos jóvenes Ernest y Agnès disfrutando la vida. Fotos de los años sesenta. En Woodstock, con The Doors, Jimmi Hendrix, The Who, llevan flores en el pelo y looks repletos de excentricidad. En el Verano del Amor, en el rodaje de la película Easy Rider, con Martin Luther King. En ese momento Lulú interrumpe sus pensamientos.

 

-¿Conocieron a Martín Luther King?

-Un gran ser humano, el día que se tomó esta foto lo asesinaron… Un torrente de imágenes y sentimientos cruzó su mente en una ráfaga de segundo.

 

Ernest, en los sesenta se dedicaba, entre otras cosas, al cine. Sus relatos pasaban por el rodaje de Easy Rider o 2001, una odisea en el espacio, Nixon, la guerra de Vietnan. Conoció a Jim Morrison y a Andy Wharhol, a JKF; había una foto de ellos dos con Neil Armstrong en una barbacoa en el jardín. Dijo haber conocido a los Beach Boys y en consecuencia conoció también a Charles Manson y La Familia. Unos años bien locos aquellos.

 

Frank Zappa, Led Zeppelin, Boby Dylan, Sophia Loren… Lulú estaba anonadada. ¡Qué vida tan increíble! Lulú, en su carrera como periodista, había conocido muchas vidas interesantes pero ninguna como la de este señor. Hablaron de política, medicina, música, contracultura, arte, revolución. Ernest era un revolucionario nato, quería cambiar el mundo, fue un miembro muy activo de la Cruz Roja, fue voluntario a un montón de guerras horribles. Ernest se emocionaba con cada historia y la revivía con mucha intensidad. Lulú fumaba y bebían vino como si fuese agua dulce en el desierto. Se hacía tarde…

 

-¿Cómo acabó con sus huesos en Ibiza señor Ernest? -preguntó Lulú mientras apaga otro cigarrillo.

 

-Vine aquí en 1973 con Orson Welles para rodar Fake, la película documental del gran falsificador Elmyr de Hory. En esa época Ibiza era un auténtico paraíso, y me enamoré, me enamoré de esta isla tan maravillosa, compré una casa ese mismo año y desde entonces aquí estoy.

 

-Todavía hay algo más –dice ella.

-¿De qué se trata señorita? -pregunta Ernest.

-En todas las fotos que había en la caja de Agnès salen los dos, salvo en una, en ésta en la que Agnès aparece sola con dos hombres ilustres, por decirlo de alguna manera. Me pregunto si tomó usted esta foto.

 

Los ojos de Ernest se abrieron como platos. Los personajes de la foto son Fidel Castro y Che Guevara. Con su acento argentino, Ernest suspira otra vez.

 

-Agnès, boluda, la concha que… Aquel fue el día que tomamos el parlamento. Esta foto no debería de existir.

 

¿Entonces? -pregunta Lulú, ¿no tomó usted esta foto?

 

Ernest mete la foto en el sobre junto a las demás y se lo guarda en el bolsillo. Saca un puro de su solapa y lo prende. Se hace un silencio.

 

-Señorita Lulú -Ernest toma la palabra. Para ser periodista no resulta usted demasiado perspicaz.

-¿Qué quiere decir?

-En esta foto salimos mi gran amigo Fidel, el amor de mi vida Agnès y yo, que en esa época me llamaba Ernesto.

 

Lulú se queda de piedra, su expresión es de completa incredulidad mezclada con la más grande de las sorpresas. Por primera vez en su vida parece haberse quedado muda. Ernest hace un ademán y el joven que esperaba en la esquina se acerca a la mesa.

 

-Es muy tarde señorita, un hombre de mi edad necesita reposo de vez en cuando. Llámeme otra vez si quiere que le cuente una historia que tambalee el mundo. Buenas noches.

 

Ernest se levanta, besa la mano de Lulú y ésta, aún sorprendida, no puede articular ni un simple adiós. Ernest y su joven ayudante caminan hacia la salida de Pacha sin mirar atrás mientras Lulú dice en voz alta para sí misma:

 

-Cosas así sólo pasan en Ibiza.

 

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